Actividades sobre la diversidad cultural…El interculturalismo (1)

Un asunto de cordada

Lionel Terray fue un montañero francés excepcional que, en un libro imprescindible: “Los conquistadores de lo inútil”, contaba la relación entre los sherpas y los montañeros occidentales durante las ascensiones a los montes de la cordillera del Himalaya. Estas palabras que vais a leer nos recuerdan la historia de E. Hillary, el primer montañero que, junto al sherpa Tenzing Norgay, holló la cima del Everest (8.848 metros) en 1953.

falleciera E. Hillary el primer montañero que, junto al sherpa Tenzing Norgay, holló la cima del Everest (8.848 metros) en 1953

“Pero su superioridad no acababa ahí. Los sherpas resultaron ser francos y honrados, hombres llenos de vitalidad, de dinamismo y de sentido de la iniciativa. Los sherpas, siempre alegres y contentos, supieron demostrar que poseían un sutil sentido del humor, cualidad que es algo casi desconocido tanto en los indios como entre los demás pueblos que habitan Nepal. 

Con la llegada de los primeros dramas, los expedicionarios europeos se dieron cuenta de que aquellos extraordinarios hombres de pequeña estatura tenían virtudes que se encuentran incluso más raramente: el sentido del honor y una capacidad de entrega sin límites. En las dificultades y en los peligros, nunca abandonaron a su sahib, y aceptaron seguirle hasta la muerte.

Hoy, la historia himalayana está llena de ejemplos de la abnegación de los porteadores sherpas. El caso más notable se produjo durante el drama del Nanga Parbat, en 1934. Sorprendidos por un violenta tempestad, varios escaladores austroalemanes perecieron de hambre, frío y agotamiento. Sus sherpas, más resistentes, habrían sin duda podido superar el huracán y llegar a un campamento salvador, pero todos permanecieron con sus patrones para ayudarles y alentarles. Sólo cuando el último europeo murió intentaron escapar al abrazo de la muerte. Sólo uno lo consiguió, pero las notas halladas más tarde sobre el cadáver de Welzenbach revelaron el sacrificio de sus compañeros.

Sin duda, el contacto hoy de la civilización ha corrompido, más o menos, a algunos sherpas, pero en su gran mayoría han sabido mantener las extraordinarias virtudes de su raza. Las horas que he pasado con estos pequeños hombres de ojos rasgados y sonrisa resplandeciente, están entre las más bellas que me ha tocado vivir. Juntos hemos luchado por conquistas más simbólicas que reales. Sin duda el sentido de estos combates heroicos se les escapaba en parte y , sin embargo, ¡qué entusiasmo y alegría ponían en ellos! Juntos, hemos afrontado el frío y la tormenta; el miedo daba a su cara bronceada un tinte de un gris terroso y , sin embargo,¡de cuanta valentía y altruismo eran capaces! Juntos hemos llevado cargas, cumplido con tareas ingratas ¡con entrega y buen humor! Juntos hemos recorrido los risueños caminos de Nepal y nos hemos comunicado en el amor de la naturaleza. Cuantas veces, al final de una cresta, o en un recodo del camino, de repente, por un nuevo milagro, los elementos se han armonizado convirtiendo en emotivo un paisaje, habré oído a mi sherpa exclamar, con los ojos brillantes de alegría: “look, sahib, very nice”.

Juntos también, por la noche, alrededor del fuego de campamento, como viejos amigos, hemos murmurado durante horas, revelando uno al otro cuál es su universo. Juntos, una vez más, bajo la luz cobriza de una gran hoguera, hemos bailado bajo las estrellas y lanzado a la noche los cantos, simples y bárbaros de nuestros ancestros.

Para mí, y no soy el único caso, uno de los grandes encantos de una expedición himaláyica es el contacto fraternal con los porteadores sherpas.

Por supuesto, estos montañeses medio primitivos tienen también defectos, especialmente una seria falta de cuidado y de minuciosidad, pero su gran corazón, su alegría, su entusiasmo, su tacto, su gentileza y su sentido poético dan un nuevo sabor a la vida. Al compartir sus alegrías y sus penas, el sueño de una humanidad mejor ha dejado de aparecérseme como un sueño insensato”

Los conquistadores de lo inútil de L. Terray

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