4.¿Tienes un cuerpo o eres un cuerpo?.

A lo largo de la historia del pensamiento occidental, y también en otras culturas, se ha planteado el problema de las relaciones de la persona con su propio cuerpo. Las propuestas que se han ido dando han sido diversas, oscilando desde las posiciones dualistas (el cuerpo y el alma o espíritu son entidades distintas que permanecen juntas solo durante un período en una unidad no sustancial) hasta posiciones claramente monistas (no somos más que cuerpo y el alma es tan solo un término que hace referencia a algunas funciones superiores de dicho cuerpo, como los sentimientos o los pensamientos). Como es lógico, hay diversas posiciones intermedias según se establezca una distinción más o menos nítida entre dos partes de la persona, o según se admita la supervivencia de una de ellas, el alma, después de la desaparición de la otra.

En la filosofía occidental, el más claro defensor del dualismo fue Platón en la filosofía antigua, para quien alma y cuerpo eran realidades distintas, siendo el cuerpo una cárcel del alma y teniendo esta como objetivo en la vida volver al mundo de las ideas después de la muerte para lo cual debía llevar una vida digna en este mundo. Estaba próximo a posiciones religiosas defensoras de la reencarnación que estaban presentes entre los órficos y en otras culturas. El pensamiento cristiano tendió a mantener esta posición, si bien en la teología siempre se ha hablado de que al final de los tiempos las personas volverán a tener un cuerpo espiritual; la resurrección de Jesús fue, según la fe cristiana, en cuerpo y alma y ese es el destino que espera a los demás. En todo caso, la versión más popular del cristianismo mantuvo cierto dualismo, con un alma que va al cielo o al infierno tras la muerte. Descartes mantuvo una posición claramente dualista, distinguiendo el espíritu del cuerpo y en general, con algunas excepciones relevantes, se mantuvo un cierto dualismo más o menos acentuado, con distintas maneras de entender el alma, el espíritu o la fuerza vital, por mencionar algunos de los conceptos que se han utilizado para referirse a esa parte de la persona humana

Por otro lado, ha existido siempre una tendencia materialista para la cual esas distinciones entre cuerpo y alma no tenían ningún sentido. Somos solo cuerpo. Presente ya entre los filósofos griegos antiguos, como es el caso de los presocráticos, de Demócrito o Epicuro. Con el dominio del cristianismo decayó bastante la presencia de filosofías materialistas, que volvieron a aparecer con la Edad Moderna, creciendo su presencia a partir de la Ilustración. Ya en el siglo XX, se mantiene el debate, si bien en estos momentos se centra más en las relaciones entre mente y cerebro que entre las que pueda haber entre cuerpo y alma.

El debate siempre ha tenido una especial relevancia social porque estaba de algún modo asociado a la inmortalidad o a la pervivencia de lo más propio de nuestra propia identidad después de la muerte.

Félix García Moriyón

Nada en propiedad

Nada en propiedad, todo prestado.
estoy empeñada hasta el cuello.
tendré que liquidar la deuda
entregándome a mí misma

Así está establecido:
devolver el corazón.
devolver el hígado,
y cada uno de los dedos.

Es tarde para cambiar las cláusulas del contrato
me harán pagar la deuda
junto con mi piel.

Ando por un mundo repleto de deudores.
sobre unos pesa
el embargo de las alas.
Otros, quieran o no, declararán las hojas.

Cada tejido nuestro
está en el Debe.
Ni una pestaña, ni una ramita
podrá ser conservada para siempre.

Hasta el último detalle está inventariado,
y todo parece indicar
que hemos de quedarnos sin nada.

No logro recordar dónde, cuándo y para qué
permití que me abrieran
esta cuenta.

La protesta contra eso
es lo que llamamos alma.
Y es esto lo único
que no está en el inventario.

Wistawa Szymborska
(traducción de Katarzyna Moloniewicz)

“Lo que hasta ahora se había considerado como la parte espiritual del ser humano podría no ser más que una expresión de la estructura neuronal. Los científicos están llegando a la conclusión de que la consciencia es algo parecido a un termostato, que percibe una situación externa, la procesa, y responde según la configuración de su programa. En nuestro caso, las situaciones externas serían los estímulos (la visión, el tacto, etcétera), y el sistema de procesamiento serían los circuitos neuronales que recorren las vías de análisis de la corteza cerebral. El que convirtamos esos estímulos en una obra de arte, en un drama o que ni siquiera nos inmuten dependería, siguiendo con la comparación, de la programación: la dotación genética, la estructura cerebral y las influencias ambientales. Así, con toda esa configuración cerebral de la que cada vez se conoce más aunque estemos a años luz de desvelar todos sus secretos no se pretende concluir que somos una simple máquina reguladora de estímulos, como el termostato, sino que puede servir para desvelar que lo que se ha llamado mente no es más que una función del cerebro. Las nuevas técnicas de imagen, los últimos avances en el estudio de la estructura cerebral y de las sustancias que participan en la transmisión de mensajes químicos y eléctricos a través del organismo han demostrado que la causa de los estados de ánimo, de las enfermedades mentales y de otras patologías importantes como la epilepsia o la miastenia tienen casi siempre una causa física. Y, como estados físicos que son, pueden ser alterados con la farmacología”.

La mente sólo es cerebro Myriam López Blanco (1997)

Posiciones en el debate mente-cerebro

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