Luz en el universo…”La historia más antigua” (2ª parte)

El físico da por muerta a la filosofía y pretende arrebatarnos la antorcha que sosteníamos. Porque esa antorcha nos la dio a nosotros a su vez Dennis Diderot que en la acepción “filósofo” de la Encyclopédie francesa afirma que “el filósofo viaja en la noche pero lo precede una antorcha”. Hawking entiende el conocimiento como un relevo de testigos que se pasan una antorcha. No tiene por qué ser así.  El océano de lo que desconocemos es demasiado grande como para desechar la posibilidad de emplear muchas antorchas para iluminarlo. La antorcha de Herschel fue su telescopio reflector (espejos para dejar entrar más luz) de 12 metros que construyó bajo el patrocinio real en una granja cerca de Londres. Y el de Ramón y Cajal fue su microscopio (lentes para aumentar la visión). La luz natural de los/as filósofos/as también sirve para iluminar la oscuridad. A fin de cuentas los capítulos de “El gran diseño” (el libro de Hawking y Leonard Mlodinow) como “El misterio del ser o”¿Qué es la realidad? y otras preguntas que intenta responder en su estupendo libro se las hemos ofrecido esos “muertos vivientes” que somos los filósofos. No importa la antorcha de la que nos sirvamos, hay una tarea de exploración ingente por delante, pongámonos ya en camino.

La luz y la oscuridad es la historia más antigua. Los policías de “True detective” (2014), la serie estadounidense creada por Nic Pizzolato y dirigida por Cary Joji Fukunaga, también sostienen una antorcha (no dejan de sostenerla a lo largo de 17 años que dura la investigación) para iluminar la oscuridad tenebrosa de una serie de horribles crímenes.

Martin Hart: Me dijiste algún día mientras cenábamos que solías inventarte historias sobre las estrellas.
“Rush” Cohle: eso era en Alaska bajo el cielo nocturno.
Martin Hart: ¿Cómo cuáles?
“Rush” Cohle: He estado en esa habitación mirando todas las noches, pensando, es una única historia, la más vieja, la luz contra la oscuridad.
Hart: Bueno no estamos en Alaska pero yo diría que la oscuridad tiene mucho más territorio.
“Rush”: Sí en eso llevas razón… Creo que no lo has entendido, lo del cielo…
Hart: Explícate…
“Rush”: Tiempos atrás sólo hubo oscuridad, si me preguntas la luz gana…

“La luz contra la oscuridad” es verdaderamente la lucha más antigua. ¡Y no ha hecho más que empezar! La luz nos ha permitido atisbar sólo el 5% de la materia del Universo, el resto es oscuridad (materia y energía oscuras). Queda tanto por saber, pero “la luz va ganando”. Adoptar este punto de vista nos ofrece la emocionante certeza de que la exploración no ha hecho más que empezar. La exploración de la tierra es sólo una escala insignificante del viaje que todavía nos espera.

Según el bellísimo poema de la creación del Génesis bíblico todo comenzó así:

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.
Y dijo Dios:
– Que exista la luz.
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche.

La comunidad de los cosmólogos en la actualidad acredita que una inicial explosión energética precipitó la expansión del Universo, que fue llamada en un primer momento, no sin sorna, el Big Bang. La luz de entonces (hace 16.000 millones de años) todavía está llegando ahora. Va a ser verdad que la luz gana desde ese momento inicial.

Y vamos sabiendo más gracias a la luz. Porque la luz también es reveladora. La luz del exterior de la caverna (platónica) nos atrae, como la mariposa que se desentiende de su capullo en busca de la luz. Según Agustín de Hipona la luz divina ilumina el interior (oscuro) de nuestra conciencia para que encontremos en sus recovecos la verdad.

La luz necesita de la oscuridad para propagarse. Debido a que hemos inundado nuestras vidas de luz artificial cada vez es más difícil discernir el cielo, contemplarlo, asombrarnos e investigarlo. “Rush” el filósofo detective que habéis conocido pudo hacerlo en los parajes deshabitados de Alaska.

James Attlee, el autor del ensayo “Nocturno”, en un momento de su vida decidió perseguir y estudiar la Luna, ese satélite que gira en torno a nuestro planeta, con el que tenemos un vínculo misterioso. Según él hemos desterrado la noche y la oscuridad.

Franjas cada vez mayores de la superficie están bañadas por luz artificial las veinticuatro horas del día y relucen como joyas de ámbar cuando se las observa desde el aire; sólo los grandes desiertos y los océanos conservan grandes espacios de oscuridad. Los que habitamos en las regiones en las que el día es eterno (es decir, la mayoría de nosotros) estamos cada vez más lejos de los movimientos del silencioso satélite que controla las mareas y que durante siglos, en la mente de los humanos, se ha relacionado con el amor, la melancolía y la locura.

y continúa más adelante…

A pesar de todos los avances tecnológicos y de todas las nuevas formas de entretenimiento que ofrece nuestro mundo, la mayor parte  de la humanidad todavía se refugia en el caparazón de su vivienda buena parte de las horas de oscuridad. Muy pocos salen con voluntad expresa de estudiar el cielo nocturno…Durante incontables milenios la humanidad ha vivido en sincronía con los ciclos de la luna, sembrando, cortejando a amantes y recogiendo cosechas según dictaba ese mecanismo de relojería celestial. Apenas  hace poco más de un siglo que se interrumpió esta relación, cuando dimos la espalda al cielo y volvimos el rostro hacia la brillante luz artificial con la que iluminamos el interior de nuestros hogares.

En la película, Agora, que hemos tenido la oportunidad de ver, Hipatia, cuando comienza a hablar de cosmología mientras están encerrados en el Serapeum, ordena a un discípulo que apague el fuego. Para ver la luz de las estrellas tenemos que apreciar la oscuridad. Como Attlee señala los que vivimos en las ciudades (la mayoría de la población en España) ya no apreciamos la oscuridad y hemos perdido la posibilidad de asombro ante el firmamento. Van Gogh vivió en una época en la que todavía perduraba el interés por la noche. Como pintor reflejó su fascinación por la contemplación de la noche en varios de sus cuadros. El más famoso, que pintó en la fase final de su vida, un año antes de morir, es De sterrennacht (Noche estrellada, 1889). No sólo en sus cuadros el pintor holandés afincado en Francia puso de manifiesto su interés por la noche. En una de las muchas cartas que dirigió a su hermano Theo confiesa: “con frecuencia me parece que la noche está más viva y llena de ricos colores que el día”.

Simon Singh, en su libro Big Bang, comenta que Noche estrellada tiene cierta semejanza con un bosquejo de la Galaxia Remolino, hecho por Lord Rosse, 44 años antes que la obra de Van Gogh. La pintura también ha sido comparada con una fotografía astronómica de una estrella llamada V838 Monocerotis, tomada por el Hubble en 2004. Las nubes de gas que envuelven la estrella se parecen a los patrones giratorios que Van Gogh usó en esta pintura. La fuente de esta información es la Wikipedia.

Bosquejo de la Galaxia Remolino, hecho por Lord Rosse.

Fotografía de la galaxia del bosquejo de arriba.

Fotografía astronómica de la estrella V838 Monocerotis, tomada por el Hubble en 2004.

Además vivimos “deslumbrados” por tanta luz, que no somos capaces de admitir nuestra ignorancia; que somos una gota de brillante luz en un océano de oscuridad. Cuando, verdaderamente, admitir nuestra ignorancia sobre el universo es la condición indispensable para que podamos iluminarlo. Bien lo sabía Sócrates que antes de investigar la verdad con sus discípulos les hacía caer en la cuenta de su ignorancia. A este proceso se le ha denominado la ironía socrática.

En la comodidad de nuestras abastecidas madrigueras nos olvidamos de la emoción que supone explorar la noche. Es una lamentable señal de nuestra renuncia a saber y nuestra conformidad con una cierta ignorancia confortable. En cambio, I. Kant, otro filósofo fascinado con el firmamento, nos anima a salir a la aventura: “Sapere aude” (“Atrévete a saber”, tal y como decía un poeta latino).

La única manera de vencer el miedo a la oscuridad es adentrarnos en ella con la ayuda de nuestro conocimiento. El epitafio encontrado en la sepultura de dos astrónomos egipcios (como Hipatia, no nos marchamos de Egipto y del Mar Mediterráneo) así lo atestigua. En él está escrito:

“Hemos amado con demasiado fervor a las estrellas para temer a la noche”.

Esta sepultura aunque lo parezca no es el final todavía, queda la última parte dedicada a una nueva ciencia: la cosmosofía.

Preguntas:

  • ¿Qué significa “la antorcha” para el conocimiento?
  • ¿Por qué crees que el inspector de True Detective dice que “la luz gana a la oscuridad”?
  • ¿Por qué hemos dado la espalda a la oscuridad de la noche? ¿Por qué es necesaria también la oscuridad?
  • ¿Cómo interpretas la semejanza entre el cuadro de Van Gogh y las fotografías de las estrellas?

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