El escaramujo: “Soy un niño que pregunta”… Filosofía

Escaramujo

¿Por qué la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es blancura
que engorda como adelgaza?
¿Por qué una estrella se enlaza
con otra, como un dibujo?
Y ¿por qué el escaramujo
es de la rosa y del mar?
Yo vivo de preguntar,
saber no puede ser lujo.

El agua hirviente en puchero
suelta un ánima que sube
a disolverse en la nube
que luego será aguacero.
Niño soy tan preguntero,
tan comilón del acervo,
que marchito si le pierdo
una contesta a mi pecho.
Si saber no es un derecho,
seguro será un izquierdo.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.

Soy aria, endecha, tonada,
soy Mahoma, soy Lao-Tsé,
soy Jesucristo y Yahvé,
soy la serpiente emplumada,
soy la pupila asombrada
que descubre como apunta,
soy todo lo que se junta
para vivir y soñar.
Soy el destino del mar,
soy un niño que pregunta.

Silvio Rodríguez, 1993

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El mar (3ª parte)…Filosofía 1º Bach.

La aventura de la filosofía comenzó en el mar… en este mar.

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El Mar Mediterráneo… El que cruzó Tales…

Mediterráneo de Serrat.

La importancia del viaje.

Cavafis.

Ítaca.

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La esfinge …Filosofía 1º Bach.

Edipo Lledó y la esfinge.

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¿Qué hacía Tales de Mileto en la pirámide de Keops?

-Tales, apoyado en la borda de la embarcación, veía alejarse la tierra donde había vivido toda su vida. Mileto desapareció en la lejanía. Emprendía viaje hacia Egipto. -Sinfuturo hablaba, serio como un papa, desde lo alto de su taburete. Su cuello se henchía con cada palabra, sus ojos lanzaban chispas; afirmándose sobre las patas, buscaba el mejor apoyo para mantener un tono de voz potente, como si hubiera asistido a cursos de dicción-. El navío, impulsado por los vientos etesios, que no soplan más que en verano, en plena canícula, efectuó la travesía sin escalas. Avistó las costas egipcias, puso proa al lago Mariotis y, allí, Tales embarcó en una faluca con la que remontaría el curso del Nilo.
La voz de Sinfuturo se apagó, se le había acabado la cuerda. Max le acarició y le ofreció un pequeño tentempié. Echó en un cuenco el contenido de un sobre de cóctel selecto: cacahuetes fritos y finamente salados, almendras, nueces y anacardos.
Fue Ruche quien prosiguió:
-Al cabo de algunos días de viaje, sólo interrumpido por paradas en las ciudades y pueblos que bordean el Nilo, Tales la vio. ¡La pirámide de Keops! Se alzaba en medio de una amplia elevación del terreno, no muy lejos de la orilla del río. El griego nunca había visto algo tan imponente. Las otras dos pirámides, la de Kefrén y la de Micerinos, estaban cerca, y parecían pequeñas en comparación. Aunque ya se lo habían advertido los otros viajeros durante el trayecto por el Nilo, las dimensiones del monumento sobrepasaban todo lo que Tales podía imaginar. Bajó de la faluca. Anduvo hacia ella aminorando su velocidad a medida que se acercaba, como si la proximidad de la masa del monumento tuviera la propiedad de acortar sus pasos. Se sentó, agotado. Un campesino egipcio, un fellah de edad indefinida, se puso en cuclillas a su lado.
-Extranjero, ¿sabes cuántos muertos ha costado esta pirámide que tanto admiras?
-Miles, sin duda -respondió Tales.
-Di mejor decenas de miles.
-¡Decenas de miles!
-Centenares de miles es más aproximado.
-¡Centenares de miles! -Tales le miró con incredulidad.
-Posiblemente nos quedamos cortos -añadió el fellah-, y ¿para qué tantos muertos? ¿Para abrir un canal? ¿Contener el río? ¿Tender un puente? ¿Construir una carretera? ¿Edificar un palacio? ¿Erigir un templo en honor de los dioses? ¿Excavar una mina? Rotundamente no. Esta pirámide la mandó hacer el faraón Keops con el único fin de obligar a los humanos a convencerse de su pequeñez. La construcción tenía que sobrepasar todos los límites para aplastarnos: cuanto más gigantesca fuera ella, más minúsculos seríamos nosotros. Consiguió su propósito. Me he fijado en ti cuando te acercabas, y he visto dibujarse en tu cara los efectos de esta magnitud. El faraón y sus arquitectos quisieron obligarnos a admitir que, entre la pirámide y nosotros, no hay ninguna medida común.
Tales ya había oído especulaciones parecidas sobre los designios del faraón Keops, pero nunca enunciadas con tanta falta de pudor y tanta precisión a la vez: « ¡No hay ninguna medida común!» El monumento deliberadamente desmesurado le desafiaba. Construido hacía ya dos mil años por los hombres, estaba fuera del alcance de su conocimiento. Cualesquiera que fueran los fines del faraón una cosa saltaba a la vista: la altura de la pirámide era imposible de calcular. ¡La construcción más visible del mundo habitado era también la única imposible de medir! Tales decidió aceptar el reto.
El fellah habló toda la noche. Nadie ha sabido jamás lo que dijo.
Cuando el sol apuntaba por el horizonte, Tales se levantó y observó su propia sombra proyectarse en dirección oeste; pensó que, cualquiera que sea el tamaño de un objeto, siempre existirá una iluminación que lo haga parecer grande. Durante un buen rato permaneció de pie, inmóvil, con los ojos fijos en la sombra que proyectaba su cuerpo en el suelo. La vio disminuir a medida que el sol se iba elevando en el cielo.
Se prometió a sí mismo: «Ya que mi mano no puede medir la pirámide, la voy a medir con el pensamiento.» Tales miró la pirámide con insistencia durante mucho rato; debía encontrar un aliado que fuese de la talla de su adversario. Varias veces su mirada se desplazó de su cuerpo a su sombra y viceversa, y luego a la pirámide. Por fin levantó los ojos, mientras el sol lanzaba sus rayos terribles. ¡Tales acababa de encontrar a su aliado!
El sol no hace distingos entre las cosas del mundo, y las trata a todas del mismo modo, aunque su nombre sea Helios en Grecia o Ra en Egipto. A ese modo de tratar a todos por igual, si atañe a los hombres, en Grecia se le llamará más tarde democracia.
Si el sol trata de modo semejante al hombre, minúsculo, y a la pirámide, gigantesca, se establece la posibilidad de la medida común.
Tales se aferró a esa idea: «La relación que yo establezco Con mi sombra es la misma que la pirámide establece con la suya.» De ahí dedujo: «En el mismo instante en que mi sombra sea igual que mi estatura, la sombra de la pirámide será igual a su altura.» Hete aquí la solución que buscaba. No faltaba sino ponerla en práctica.
Tales no podía efectuar la operación solo. Necesitaban ser dos y el fellah accedió a ayudarlo. Es posible que sucediera de ese modo. ¿Cómo llegar a saberlo?
Al día siguiente, al alba, el fellah fue hacia el monumento y se sentó bajo su sombra inmensa. Tales dibujó en la arena un círculo con un radio igual que su propia estatura, se situó en el centro y se puso de pie bien derecho. Luego fijó los ojos en el borde extremo de su sombra.
Cuando la sombra tocó la circunferencia, es decir, cuando la longitud de la sombra fue igual a su estatura, dio un grito convenido. El fellah, atento, plantó un palo inmediatamente en el lugar donde estaba el extremo de la sombra de la pirámide. Tales corrió hacia el palo.
Sin intercambiar una sola palabra, con la ayuda de una cuerda bien tensa, midieron la distancia que separaba el palo de la base de la pirámide y supieron la altura de la pirámide.
Bajo sus pies, la arena se levantaba; el viento del sur estaba empezando a soplar. El jonio y el egipcio se dirigieron hacia la orilla del Nilo, donde acababa de atracar una faluca. El fellah permaneció sonriente en la orilla mientras la embarcación se alejaba por el río.
Tales estaba orgulloso. Con ayuda del fellah había ideado un truco. ¿La vertical me resulta inaccesible? Mido la horizontal. ¿No puedo medir la altura porque se pierde en el cielo? Mediré su sombra estampada en el suelo. Con lo pequeño podré medir lo grande. Con lo accesible podremos medir lo inaccesible. Con lo cercano podremos medir lo lejano.
-Las matemáticas son una astucia del espíritu -concluyó, agotado, Ruche.

Extraído de “El teorema del loro” de Dennis Guedj. Ed. Anagrama.

http://www.librosmaravillosos.com/elteoremadelloro/capitulo03.html

 

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“Se buscan exploradores”…Filosofía 1º Bach.

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«Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito». En 1913 el explorador polar Ernest Shackleton publicó este anuncio en el London Times. Respondieron más de 5.000 aspirantes.

La filosofía es una exploración y los/as filósofos/as, exploradores/as.

Tales de Mileto fue un explorador.

Truman (El protagonista de El show de Truman de Peter Weir) dice “quiero ser explorador como Magallanes)”.

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Nacemos filósofos, ¿por qué dejamos de serlo?

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Robin Hanbury-Tenison.

No subestimar nunca a las niñas que coleccionan orugas. Maria Sybilla Merian.

Margaret Mee. Exploradora hasta el final.

Margaret Fontaine. Morir con el cazamariposas en la mano.

Ernest Shackleton justificaba así su azarosa vida: “Elijo la vida por encima de la muerte para mis amigos y para mí. Creo que explorar , adentrarse en lo desconocido, forma parte de nuestra naturaleza. El verdadero fracaso sería no explorar“.

Neil Young.

Es la filosofía Neil Young, cuyo verso más célebre reza: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”. Tal vez hay algo de absurdo en ello, pero tal vez no. Seguramente esta forma de concebir la música, como la existencia, sea una locura para todos aquellos que tienen miedo al fracaso. El otro día leía un artículo en Cultura Inquieta que recordaba unas declaraciones de Young sobre la necesidad de fracasar. “La otra cosa que tenéis que estar dispuestos a hacer, realmente capaces de abrazar y aceptar y realmente acoger en vuestras vidas con los brazos abiertos y una visión muy, muy amplia, es el fracaso. Aseguraos de darle siempre la bienvenida al fracaso. Decid siempre: Fracaso, encantado de tenerte, ven. Porque así no tendréis ningún temor. Y si no tenéis miedo y creéis en vosotros mismos y os escucháis a vosotros mismos, sois los números uno. Todo lo demás está detrás de vosotros, vuestro nombre está por encima. Es vuestra vida, vuestra película. A la mierda con todo lo demás”.

 

Esto es lo que solemos hacer los adultos con nuestros hijos para protegerlos. Todos nacemos exploradores, pequeños filósofos, que quieren explorar lo desconocido. Por ello tiene sentido la filosofía para niños/as. Newton nunca dejó de ser así, “un niño que recogía conchas en la costa, mientras el gran océano de la verdad yacía ante él”. Lo dijo el propio Newton según alguno de sus biógrafos. Afortunados los que hayan seguido creyendo que eran exploradores y no han sido persuadidos por los adultos de que que abandonen esta curiosidad por conocer la naturaleza del mundo en el que viven. No todos tienen la suerte de Hipatia. Teón permitió y alentó que su hija surcara la inmensidad de los cielos. También lo hizo el padre de Edmund Halley con su hijo. Newton y Halley después de hicieron amigos y sin la ayuda del segundo, el primero no habría escrito ni publicado su libro Principia, que propuso una nueva y revolucionaria visión de nuestro Universo. Desde que fueron niños soñaron con explorar sobre todo con su mente.

 

“Y desde mi almohada, a la luz de la luna

o de astros propicios, yo podía contemplar

la antecapilla que albergaba la estatua

de Newton, con su prisma y su silente rostro

índice en mármol de una mente en perpetuo viaje,

por los mares del Pensar extraños, sola”.

Wordsworth (ante la estatua de Newton en la capilla del Trinity College de Cambridge)

 

En algún otro sitio he defendido que la filosofía es una exploración racional, con ánimo de ser verdadera, de ciertos territorios rodeados de misterio. es una aventura incierta a través de terrenos ya descubiertos y otros todavía vírgenes... como hicieron los exploradores británicos del S. XIX que se adentraron en África con su curiosidad y también sus prejuicios en su equipaje. Algunos, a pesar de todo el esfuerzo que pusieron en ello, se quedaron a las puertas de lo que pretendieron descubrir (¡las verdaderas fuentes del Nilo! o las minas del Rey Salomón).

El auténtico explorador no quiere saber por boca de otros, no quiere que se lo cuenten, quiere comprobarlo él mismo. Quiere saber por él mismo. Eso significa el lema de la Royal Society, la sociedad científica más prestigiosa del Reino Unido, a la que pertenecieron, por supuesto, Halley y Newton, aquí citados: Nullius in verba (en palabras de nadie).

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Este poema de Walt Whitman ¿se refiere a lo mismo?:

 

When I heard the learn’d astronomer,

When the proofs, the figures, were ranged in columns before me,

When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them,

When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the           lecture-room,

How soon, unaccountable, I became tired and sick,

Till rising and gliding out, I wander’d off by myself,

In the mystical moist night-air, and from time to time,

Look’d up in perfect silence at the stars.

 

Cuando escuché al astrónomo erudito,

cuando ordenaron ante mí  pruebas y figuras,  conformando columnas,

cuando mostraron gráficos y diagramas para practicar sumas, divisiones

y mediciones,

cuando sentado oí conferenciar en el salón al astrónomo

al que tanto aplaudieron,

muy pronto, inexplicablemente, me sentí agotado y enfermo

y decidí levantarme, salir a la calle y vagar solo

en la mística humedad del aire nocturno

y, de vez en cuando, en perfecto silencio, contemplé a las estrellas.

Walt Whitman. (Traducción de Ángel Rupérez)

Breaking bad.

 

 

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Una nueva aventura…

Buenos días a todos/as, me quiero presentar y daros la bienvenida a este blog a los estudiantes del IES Ana María Matute de Velilla de San Antonio. Estoy muy ilusionado con esta nueva etapa, vamos a disfrutar un montón…

dav

 

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Las clases de Filosofía resumidas en una pizarra…(Filosofía 4º ESO)

dav

Gracias a todos/as, creo que hemos aprendido mucho juntos.

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Un resumen del curso de Valores éticos…4º ESO

dav

Gracias a todas las estudiantes del grupo de 4º B, ha sido una experiencia extraordinaria aprender con vosotras/os.

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